Origen del calzado. Un medio de protección

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El hombre es un ser bípedo. Desde que bajó de los árboles para recorrer las llanuras se ha desplazado erguido. Por consiguiente, a tenido que aprender a protegerse del clima. Las irregularidades del terreno han afectado la parte de su anatomía que está en permanente contacto con el suelo, es decir: los pies.

El ser humano procede de la evolución. Por tanto inicialmente tendría las plantas de los pies adaptadas al terreno y al clima, y se desplazaría descalzo. Las almohadillas de sus pies serían mucho más gruesas y mullidas que las nuestras. Con una estructura muy parecida a las de los actuales chimpancés.

Es de lógica pensar que, la superior inteligencia que tenia en relación con el resto del mundo animal, le llevara a darse cuenta de que tenía que proteger sus pies. Buscaría la manera de salvaguardarlos del frio, del calor, de las piedras y arbustos del terreno, y de las mordeduras de las múltiples alimañas que reptaban por el suelo. Por tanto inventaría un método de protección sencillo pero eficaz para esa finalidad.

La manera de hacerlo debió de tener mucho que ver con el clima donde vivieran. Así pues, la típica sandalia, compuesta por fibras vegetales trenzadas y atada al tobillo con tiras, aparecería en zonas de climas cálidos. Por el contrario, las “botas” fabricadas con cuero o piel de animal se desarrollarían en los lugares donde las temperaturas eran bajas y extremas. Sencillamente debió de ser una cuestión de funcionabilidad relacionada con el medio ambiente por el que vivían y se desplazasen.

Estos primeros tipos de calzado se confeccionaban con materiales perecederos. Por ello apenas hay restos arqueológicos, y los pocos hallazgos encontrados proceden básicamente de enterramientos, donde la humedad y la temperatura han preservado ese tipo de materiales. Pero, por suerte, disponemos de pinturas rupestres del paleolítico representando figuras humanas con algún tipo de calzado. En las cuevas españolas y francesas, se ve claramente a hombres y mujeres con alzas en los pies que llegaban a cubrirles parte de las piernas.

Hay un importante hallazgo realizado en una cueva de Armenia. Allí se encontró, en perfectas condiciones, el que se considera como el “zapato más antiguo”. El resto encontrado se ha datado sobre el 3.500 a.C. Está confeccionado con piel de vaca y recubre todo el pie cerrándose en la parte superior con una especie de cuerda. Su interior estaba relleno de hierba.

Otro resto muy estudiado, es el del calzado que llevaba “el hombre Otzi” (3.300/3.200 a.C.) en el momento de su muerte. Se le conoce como “el hombre de hielo” y se encontró en los Alpes austriacos. Aquí se nos muestra un calzado muy especializado para andar por la nieve. En su interior también se encontraron hierbas secas, como en el de Armenia.

Hay incontables descubrimientos de diferentes tipos de calzado por todo el mundo antiguo. Ya sea en representación graficas, en figuritas o en textos. En todos ellos se observa una clara tendencia a lo estético junto a lo funcional. En realidad todas las culturas presentan una versión propia de calzado, muy característica y personalizada.

Con el tiempo el calzado ha ido evolucionando hasta llegar a nuestros días. Hoy encontramos variedad de tipos, acordes cada uno con una función específica. Se ha convertido en un componente indispensable del atuendo, con un enfoque estético muy acusado. En lo relativo al deporte, y muy concretamente al running o carrera, los fabricantes han creado verdaderas maravillas. Las zapatillas de los deportistas se adaptan perfectamente a cualquier especialización deportiva. Han estudiado concienzudamente la anatomía del pie y del tobillo, a fin de que al correr se eviten lesiones y su práctica sea lo más agradable y cómoda posible.

 

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