Share Button

En la antigua Grecia existía una gran afición por los deportes atléticos. Cualquier acontecimiento lo aprovechaban para conmemorarlo con juegos y festejos. Los grandes atletas eran muy admirados y tenían un enorme prestigio dentro de la sociedad. Muchos de esos eventos se celebraban periódicamente como es el caso de los juegos Nemeos, que eran de carácter fúnebre.

Al igual que todas las competiciones griegas, tenían un fuerte arraigo dentro de lo sagrado y mitológico. Se desarrollaban en la zona este del Peloponeso, en las ciudades de Cleonas y Argos, en la parte de la Argólida denominada Nemea. De ahí su nombre.

En todos los orígenes de las competiciones deportivas celebradas en Grecia encontramos una leyenda mitológica. En esa narración siempre aparece un dios o héroe mítico como fundador. Si analizamos bien estos juegos Nemeos, observaremos que hay dos leyendas distintas que nos relatan sus inicios.

Pensemos que las tradiciones orales se ven muchas veces modificadas en el proceso del relato, y a veces se desdoblan en otras nuevas.

La primera versión nos dice que los juegos Nemeos habían sido creados por Heracles en honor de su padre Zeus. Esta adquirió una amplia difusión en la época romana, formando parte de la leyenda de los doce trabajos de Hércules.

En realidad sería la conmemoración del primer ”trabajo” del celebre semidiós. Ese primer trabajo de Hércules consistió en poner fin a la amenaza del terrorífico león de Nemea, cuya piel era invulnerable. El héroe acabó con el monstruo estrangulándolo con sus brazos, dando nombre a la conocida competición atlética del “pancracio”, una mezcla de boxeo y lucha.

La segunda versión de la leyenda tiene relación con la tragedia de Esquilo de los “Siete contra Tebas” (467 a.C.), y forma parte de la saga de Edipo. Resumiéndola, podríamos decir que Polinices, hijo de Edipo, junto con otros seis guerreros se rebelaron contra Tebas. En su marcha contra la ciudad llegaron hasta Nemea, donde se detuvieron a descansar en una fuente. Allí encontraron a Hipsípila, que llevaba en brazos al pequeño Ofeltes (Arquemoro), hijo de Licurgo, rey de Nemea. La mujer había dejado al niño en el suelo, junto a unas plantas de apio. Allí una serpiente mató al pequeño y, enfurecidos, los siete guerreros mataron a la serpiente e instauraron los juegos fúnebres bianuales en recuerdo del niño fallecido.

En estos juegos competían atletas de varias disciplinas y edades. Había tres categorías según la edad, disputándose una carrera pedestre que alcanzaba los 4 estadios (800mts.). Se practicaban varias especialidades como la lucha, los lanzamientos de jabalina y disco, los saltos de longitud, y las carreras de cuadrigas. Los atletas competían sólo por una corona, que inicialmente era de olivo. Con el tiempo fue sustituida por una corona de apio tierno.

Estas competiciones se realizaban cada dos años entre los meses de julio y agosto, en el santuario dedicado a Zeus Nemeo, cerca de Argos.

Como curiosidad mencionare que a finales del siglo XX se creó una asociación con el fin de revivir estos juegos. A partir de 1996, cada 4 años (no dos) se vuelven a celebrar en el estadio de Nemea, intentando revivir al máximo las directrices que regían antiguamente. Así pues, participantes de varios países, edades, y sexo compiten descalzos y con una túnica al estilo griego en busca del preciado premio: una corona de apio y una ramita de palmera.

 

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *