La frecuencia cardiaca en el rendimiento deportivo

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El sistema cardiovascular es como un circuito cerrado por el que pasa la sangre impulsada por un motor: el corazón. Con cada impulso o latido de éste se envía la sangre al sistema circulatorio estableciéndose una frecuencia cardiaca. La frecuencia cardiaca, no es otra cosa que el numero de latidos por minuto que emite el corazón.

Cuando se hace ejercicio, la cantidad de sangre que impulsa el corazón hacia las arterias, debe estar en relación con la demanda de oxígeno de los músculos. Así pues, dependiendo de la intensidad, duración y condiciones ambientales del ejercicio la frecuencia cardiaca deberá aumentar o disminuir.

Como baremo se establece como frecuencia normal entre 60 y 100 pulsaciones por minuto, aunque  varía en función de la edad. Si queremos saber cuales son las pulsaciones máximas soportadas por una persona, solo hay que restarle su edad a 220, para el hombre, o 226, para la mujer. Por ejemplo, un hombre de 25 años, tendrá una capacidad máxima de 195 pulsaciones, y uno de 70 solo de 150. Para una mujer de 25 años, el límite estaría en 201 pulsaciones. Este es el índice que se establece para que no existan riesgos en la salud.

Sin embargo, la frecuencia cardiaca de una persona sedentaria no es la misma de la de alguien que hace ejercicio regularmente. El atleta debe mejorar su frecuencia cardiaca si quiere aumentar su nivel de resistencia durante el ejercicio.

La única manera de aumentar la frecuencia es con entrenamiento regular y constante, y acostumbrar al corazón a reducir sus latidos por minuto. El conocido como “corazón del atleta” tiende a aumentar el grosor de sus paredes, permitiéndole bombear, con menor esfuerzo, más cantidad de sangre en cada latido. Para conseguir eso, hay que establecer un programa de entrenamiento personalizado para cada individuo.

Pensemos que, al inicio de un ejercicio, se produce un aumento rápido de la frecuencia y de la presión sanguínea. Si la duración del ejercicio es breve o de poca intensidad, la recuperación suele ser rápida. Sin embargo, si el ejercicio es prolongado hay que hacer un estudio sobre la máxima frecuencia que se puede alcanzar.

A este fin, se tiene que analizar el numero de pulsaciones cuando se esta en reposo y cuando se está en el límite haciendo ejercicio. A menor latidos en reposo, mayor será la frecuencia cardiaca durante el ejercicio.

Los grandes deportistas, a base de constancia y ejercicio, consigue rebajar la frecuencia en reposo y en contraposición pueden llegar a conseguir hasta un 80/85 % de ritmo cardiaco constante.

Pero eso debe hacerse bajo un estricto control médico vigilando no sobrepasar los límites fisiológicos de cada organismo. Hay que ser conscientes de las limitaciones de cada individuo.

 

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