La alimentación como fuente de salud

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Nuestros ancestros mas lejanos eran cazadores y recolectores, y por tanto tenían que estar en una buena forma física si querían sobrevivir. Muchos de nuestros contemporáneos la envidiarían actualmente. Su alimentación se basaba en la supervivencia, comían lo que recolectaban, plantaban o cazaban.

Hoy en día, ya no necesitamos cazar ni recolectar para comer. Los avances tecnológicos nos facilitan muchas cosas de las que ellos carecían. Pero, en todos los supermercados podemos ver largas estanterías con comida rápida, procesada y con aditivos para su conservación. Y eso no es bueno para nuestro organismo.

Nuestra forma de vivir en la actual sociedad industrializada, ha hecho que nos volvamos sedentarios. Esto ha provocado el aumento de algunas dolencias, y la aparición de enfermedades nuevas. La obesidad, los problemas metabólicos y cardiovasculares están en progresiva alza.

La alimentación y el ejercicio juegan un papel muy importante a la hora de contrarrestar los perjuicios que nos provoca el sedentarismo. El problema es que, en los países industrializados, se come demasiada comida rápida y preparada con aditivos, edulcorantes y potenciadores de sabor. Si a eso añadimos la falta de ejercicio suficiente, tenemos la formula perfecta que aparezcan problemas de salud.

Afortunadamente la sociedad va cambiando, y mucha gente se está concienciando del problema, modificando sus hábitos alimentarios y de actividad física.

Llegados a este punto hay que discernir entre los conceptos de “alimentación” y “nutrición”. El primero abarcaría lo que comemos, sea lo que sea. La nutrición sería el proceso que tiene lugar en nuestro organismo para asimilar esos alimentos ingeridos.

Eso significa que, dependiendo de lo que comamos, nuestro cuerpo lo transformara y asimilara de diferente manera. Si lo que comemos, no aporta todos los nutrientes que necesita el cuerpo, este se desequilibra.

De todos es conocida la “pirámide alimentaria” que nos aconseja comer de todo y variado. Cereales y legumbres, lácteos, carne, pescado y huevos, frutas, verduras y  hortalizas, todo tiene que estar presente en nuestra alimentación, en las proporciones correctas y adecuadas.

Si nos centramos un deportista, veremos que su cuerpo necesita más energía por el ejercicio extra que realiza. Como el atleta busca mejorar y potenciar al máximo su rendimiento y recuperación, su dieta alimentaria cambia en relación a los demás. Necesita mayor cantidad de carbohidratos, vitaminas, minerales y sobre todo agua. Para ello realiza un exhaustivo control de lo que puede comer en cada etapa de su entrenamiento.

Su dieta estará programada por períodos. Así pues, será diferente en los días de entrenamiento general, en aquellos previos a la competición, mientras está compitiendo o en el periodo posterior de recuperación. Pero de eso hablaremos en otro momento.

Por ahora tengamos presente que, según se dice “somos lo que comemos”.

 

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