Factores ambientales en el rendimiento deportivo.

Share Button

Para hacer cualquier ejercicio físico, el cuerpo necesita trasportar un buen aporte de oxígeno a los músculos. Dependiendo de la altitud, temperatura y grado de humedad ese aporte de oxígeno puede variar.

A todos los deportistas les afecta la altitud y el calor. Ese fue uno de los grandes problemas en algunos Juegos Olímpicos. En los de México de 1968, el problema más acuciante fue el de la altitud, con 2.250 metros sobre el nivel del mar. En 1996, en Atlanta, lo que afectó más fue el sofocante calor.

Internamente el cuerpo humano tiene una temperatura casi constante de 37ºC. La energía que gasta está destinada, en gran medida, a estabilizar la temperatura corporal en ese baremo. Aunque se sabe que nuestro cuerpo resiste mejor el calor que el frio, en temperaturas por encima de los  37ºC, se producen alteraciones en el ritmo cardiaco. Ello merma la resistencia y capacidad del organismo.

Hacer ejercicio en un ambiente caluroso y húmedo llega a reducir el rendimiento entre un 10% y 15%. De todas formas no es lo mismo soportar calor con una tasa de humedad baja, que con una alta. Pensemos que el cuerpo elimina el exceso de calor con la evaporación del sudor y, si el ambiente es húmedo, es más difícil. Se puede producir el tan peligroso “golpe de calor”.

Por el contrario, hacer ejercicio en un ambiente frio, aumenta la capacidad del organismo para mantener ese calor corporal. Como no hay tanta urgencia para expulsarlo, en consecuencia se gasta menos energía. Pero eso no es del todo exacto, ya que si el frio es excesivo, la pérdida de calor es superior al generado con el ejercicio. Entonces el esfuerzo no compensa la perdida de calor y se puede producir el efecto contrario, una hipotermia. Además, cuando se participa en pruebas deportivas en un clima frio, se debe de proteger sobre todo las extremidades y la cara.

En relación a la altitud, cuanto más alta sea ésta, menos presión atmosférica habrá y menos oxígeno en la atmósfera, influyendo en el rendimiento. Si el organismo esta aclimatado a un altitud más o menos regular, y ésta cambia, la variación de altura influye en la presión arterial. A mayor altura inspiramos menos oxígeno e hiperventilamos cada vez más fuerte. Cuando esto sucede, los glóbulos rojos, que son los encargados de transportar el oxígeno a los músculos, aumentan para compensar la falta de oxígeno.

Cualquier persona que experimente una variación en la altitud de unos 1.000 metros, acusa el cansancio y debe aclimatarse poco a poco al nuevo entorno. Eso es lo que hacen los deportista profesionales. Establecen periodos de adaptación previa a la competición de días o semanas.

Entrenar en zonas de altitud media o elevada puede dar lugar a una mayor capacidad de resistencia. Pero eso sí, hay que respetar siempre los periodos de adaptación.

 

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *